Un veterano doctor que había estado atendiendo a una viejecita durante toda su vida laboral finalmente se jubiló.
En la siguiente revisión un nuevo doctor le pidió que trajera una lista de todas las medicinas que le habían recetado.
Cuando el joven doctor revisaba la lista, sus ojos casi se desorbitaron cuando vio que le habían recetado píldoras anticonceptivas.
- “Doña Luisa, ¿usted sabe que estas son píldoras anticonceptivas?”.
- “Sí Doctor, me ayudan a dormir por la noche”.
- “Le aseguro que no hay absolutamente nada en estas píldoras que la ayuden a dormir”.
Entonces la viejecita se acercó al joven doctor, le dio una palmadita en su brazo y le dijo:
- “Sí, mi querido doctor, eso ya lo sé… Pero todas las mañanas disuelvo una en el jugo de naranja de mi nieta de 16 años y ¡ni se imagina qué bien duermo todas las noches…!”